Mis Reportajes

UCHURACCAY: POST MÓRTEM...


No casi; sino nunca, toqué el caso del asesinato de los periodistas, fotógrafos y guía del archiconocido Uchuraccay. Han pasado 32 años de ese evento sangriento y como es natural, prosiguen los diversos pareceres, críticas, artículos, libros y hasta han aparecido fotografías y videos con las últimas versiones del Photoshop Cs10. Y es más, comunicadores conocedores del caso, sabios y hasta atrevidos ignorantes.

Y, ¿por qué tantas moscas pululan hasta hoy sobre esta manoseada miel?

Por la cintura del año 1982, yo ya amanecía y anochecía en Ayacucho, pero inicialmente con mis presencias obligadas a mi centro de trabajo Panamericana Televisión en Lima. A menos de una semana retornaba a proseguir entendiendo el porqué de ese fenómeno de Sendero Luminoso en una zona pobre, culta y pacífica; de artistas y de patriotismo. Además, razonando sobre la conducta de la burocracia estatal y el olvido de esa tierra.

Los periodistas linchados en Uchuraccay no fueron prudentes en una zona de emergencia. Los Sinchis y los militares infiltraron a los comuneros. Dirigentes de la comunidad admitieron el crimen por deficiencias civilizadoras. ¿Los confundieron con “terroristas” porque portaban una “trapo rojo”? Todo se sabe...


En verdad y sin ningún prejuicio y como cientos de pueblos del país, Uchuraccay era una comunidad alejada de la civilización. Un comercio lánguido con sus anexos y un complejo de uniformidad con los militares, hizo contraponer sus vanos intereses con SL. Uchuraccay es una comunidad altoandina de la provincia de Huanta en la puna ayacuchana. Está situada a unos 4.000 metros sobre el nivel del mar. El último censo de 1981, dio como resultado a 470 habitantes.

Hubo más muertos, pero no como mártires (sacrificados) ni como héroes (titanes). Ya se sabe que durante los meses que siguieron al asesinato de los periodistas en enero de 1993, más de 135 lugareños -gente humilde-, entre ellos 60 mujeres, que fueron masacrados. La mayoría de estas víctimas fue a consecuencia de incursiones senderistas con su política del campo a la ciudad. Igualmente fue el acoso de los militares y paramilitares y su fuerte represión que cobraron a la par numerosas vidas. Se dice que en el curso del año 1984 los lugareños sobrevivientes abandonaron completamente Uchuraccay y se refugiaron hasta en Lima.

El mundo provinciano siempre tuvo y tiene hasta hoy sus bemoles con sus sorpresas. Cuando los no todavía denominados mártires de Uchuraccay llegaron a Huamanga, fue para examinar lo que ahí pasaba con tanta violencia ya que se habían descartado esas falsas flatulencias de bandidos y de salteadores. Otra cosa venía ardiendo más fuerte que la pólvora y la dinamita. Los viajeros se alojaron en el hostal Santa Rosa, se reunieron con sus contactos y contrataron su movilidad para viajar a Huaychao donde presuntamente se habría detectado una masacre de niños.

Era un secreto y se lo tenía que cubrir. Volver a Lima con las manos vacías no tenía sentido. Para llegar a Huaychao se pasaba obligatoriamente por Uchuraccay y a pie. Todo estaba diseñado por Dios o por el Diablo. Consultas, consejos o recomendaciones ya no tenían peso porque la decisión fue irreversible. Ni la experiencia ni el profundo conocimiento de profesionales del lugar como fueron los corresponsales Carlos Valdez o Mario Cueto, habrían hecho desistir a esa recordada gente que fue al patíbulo de una malograda existencia. En periodismo, la primicia o la exclusividad, trajo siempre desdenes.

En verdad, venir a Ayacucho era para pescar peces grandes y gordos. No era para atrapar baratas ‘peladillas’ que en definitiva costaba más la lavada que la camisa. Una buena noticia no bajaba de seis a veinte muertos y si había la certeza de un buen informante, el comunicador lugareño o visitante ganaba la primera nota para cualquier medio. Hallar cadáveres, fosas comunes, confirmar desapariciones forzadas o identificar a un asesino uniformado o no, se llegó a convertir en un vil negocio que superó al narcotráfico aunque éste subió sus estándares. El pueblo rural y urbano vivía con miedos y con odios inexplicables.

¿Este triste hecho fue una victoria contra la muerte? Hace unos 25 años atrás el después fallecido Decano del CPP el Dr. Luis Loli Roca, anunció que por acuerdo unánime de la directiva del Colegio y teniendo como sede Ayacucho, se escindiera (cortara) todo acto público por lo ocurrido en Uchuraccay, salvo por actos de homenajes personales. Los recuerdos no se borrarán jamás...


De los familiares, solo la decencia de la Sra. De la Pinella estuvo de acuerdo y apoyó a Loli, mientras que las decenas de los otros callaron y se rasgaron sus vestiduras por dentro. La verdad, es que los deudos de las víctimas de Uchuraccay exigían indemnizaciones de toda laya, aunque ya por casi una década gozaron de viajes, entrevistas, paseos, regalos, etc. En realidad, no me explico por qué siguen funcionando esos aniversarios si la misma entidad los suprimió. Normalizar una disposición no es olvido ni tampoco omisión. Un mal periodismo unido a la guerra sucia, confundió y llevó agua para los molinos de la represión.

Periodistas ayacuchanos como fueron Luis Morales, Cirilo Oré, Hugo Bustíos y otros que cayeron en las redes asesinas del Estado, nunca fueron reconocidos.

Respecto al poblado de Uchuraccay, supe que en octubre de 1993 parte de la aldea se refundó con nuevas casas construidas a cierta distancia de la ubicación anterior. Recuerdo y leí que Sendero Luminoso llegó a "controlar" ese pueblo. Sin embargo, ya todo pasó relativamente; y, es ahora que Uchuraccay intenta obtener una democracia que siempre le fue negada y con una justicia humana y real. La torpe intención de erradicar las costumbres indígenas, ya no existe, aunque hoy en día estamos percibiendo al racismo pero de otro color.

¡Vida eterna para los periodistas y para los campesinos que cayeron en Ayacucho!

Sobre el Autor: Alberto Llanos

Periodista radicado en las provincias del PERÚ. Laboró en Panamericana Televisión S. A. desde la década del 80, realizando reportajes en las zonas de emergencia. Hoy, escribe, actúa y vive comprometido con el Pueblo.

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